jueves, 1 de octubre de 2009

Calixto Garmendia Hoy

Calixto Garmendia era un señor que no se dejaba pisotear, odiaba las injusticias, él nunca se sentía derrotado y nunca le suplicaba a nadie. Calixto no era de la clase más baja, tenía un terrenito y trabajaba como carpintero. La gente del pueblo lo apreciaba mucho y reconocían en él a una persona muy hábil, por eso le pedían que dé la cara en representación de todos, que presente algunas quejas formuladas por el pueblo a lo que él no se negó.

Calixto sabía que lo que se necesitaba era justicia y que no debían aguantar ninguna clase de abuso.

Vino una epidemia de tifo y tomaron varias tierras como cementerio, incluyendo las de Calixto; él estaba furioso porque a las tierras de los ricos ni las habían mirado y empezó a mandarle cartas al alcalde con ayuda de un escribano, para que por lo menos le paguen una indemnización, pero el alcalde nunca respondió.

Calixto quería irse a Lima donde habría más oportunidades, pero no tenía dinero. Calixto hacía ataúdes para los ricos y por la epidemia tenía mucho trabajo. El alcalde murió y Calixto pidió nuevamente justicia, lamentablemente, Calixto murió esperando la ansiada justicia.

Creo que este cuento se parece mucho a la realidad, ya que siempre los que tienen más dinero, tienen más poder y los pobres viven tremendas injusticias. Otra cosa es que aquí, no se busca el bien común sino el beneficio personal y esto se aprecia en la actualidad por ejemplo en los alcaldes. Por último me parece que la centralización no es un bien para todos, resulta injusta, penosamente siempre ha estado presente y no sabemos hasta cuándo estará.

No hay comentarios:

Publicar un comentario